Mi Código de la Circulación por la carretera de la vida.

"Yo soy solo uno. Puedo hacer solo lo que uno puede hacer; pero lo que uno puede hacer, yo lo hago" (John Seymour, 1914-2004). //La sinceridad está sobrevalorada.// Antes de hablar ten claro que las palabras sean más oportunas que el silencio.// No discutas nunca con un imbécil. Te obligará a rebajarte a su nivel y te ganará por experiencia.// ¡Cuántas veces no se pretende sólo derrotar al contrario, sino más bien hundirle tanto en lo profesional como en lo personal!// ¿Quieres ser feliz un instante (o dos)? ¡Véngate! ¿Quieres ser feliz para siempre? ¡Perdona!// Cuanto más pequeño es un corazón, más rencor alberga.// No juzgues. Todas las personas te pueden sorprender si les das la oportunidad.// Tú sigue adelante, si alguien quiere ir contigo, que tire también.// No mires mucho alrededor, sigue adelante pues como dijo no sé quién: "es preferible pedir disculpas a pedir perdón".// No es posible caer bien a todo el mundo. Hagas lo que hagas unos te querrán y otros te aborrecerán. Es inevitable.// El ser humano forma parte de la Naturaleza y es un ser vivo como los demás (árboles, zorros, libélulas, bacterias) por lo que está sometido a los mismos procesos vitales.// Las religiones son el principal enemigo de la salud mental.// Si soy normal, y hago esto y lo otro, seguro que todas las demás personas harán lo mismo o cosas parecidas.
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sábado, 20 de noviembre de 2010

Arco iris.

Uno de los nombres con los que se conoce el arco iris en euskera, el idioma de los vascos, es Erromako zubia (el Puente de Roma), por esa forma de puente que presenta a menudo. Otra forma de llamarlo en vasco es es ostadar. Hace unos días publiqué en este mismo blog una hermosísima fotografía de un arco iris doble y completo que Charo Zárate fotografió en Fresno de Río Tirón (Burgos. España). Los que publico en esta entrada están también en fotografías de ella, pero tomadas en Vitoria (España). Saco a colación la denominación del arco iris en vascuence, porque estos días estoy leyendo un libro simpatiquísimo de Pello Zabala (el hombre del tiempo vasco) titulado El tiempo. He encontrado en él, entre otras muchas cosas de interés para un geógrafo como yo, unas cuantas ideas muy claritas sobre cómo se forma un arco iris. Así que las voy a resumir y transcribir aquí, pues tengo la impresión de que tanto fotografiar arco iris y no decir nada sobre su génesis física es dejar un poco incompleto el blog.
Dice Pello Zabala (pág. 35 op .cit.) que la primera condición para que se vea un arco iris es que llueva en unas condiciones determinadas. "El Sol ha de estar presente pero muy bajo en el horizonte". La segunda condición es que que la lluvia ha de estar por delante de nosotros y el Sol por detrás. Cuando un rayo solar de luz blanca atraviesa una gota de agua de lluvia, reduce su velocidad, se desvía y se descompone en siete colores diferentes que veremos por este orden: rojo, naranja, amarillo, verde, azul, añil y violeta. Estos colores también aparecen en el trasfondo de cualquier gota de agua, "el rojo arriba y el morado en el interrior, todos en orden" (Pág. 36 op. cit.). Para contemplar un arco iris completo, circular, el Sol ha de estar cerca del horizonte y nada nos debe impedir ver la circunferencia completa. Cuando estamos en la superficie terrestre, el relieve nos limita la visión del horizonte y "por eso no vemos el arco iris formando un círculo completo (cosa que sí podríamos observar al verlo desde un avión), sino sólo en forma de puente". A veces, como en las fotografías de Fresno, o en estas mismas de Vitoria, observamos un arco iris más corto y débil por encima de otro más largo y definido. "Sucede cuando la luz atraviesa las gotas de lluvia por debajo (...). Es curioso: el arco más pequeño contiene los mismos siete colores, pero en el orden inverso".

Si lo vemos por la mañana en el oeste, querrá decir, afirma Pello Zabala, que habrá más chaparrones si estamos en zona en la que la lluvia, como es el caso de El País Vasco, llegue del oeste. Si lo vemos por la tarde y en el este, como es el caso de los arcos de estas tres fotografías y del de Fresno de Río Tirón que publiqué el día 1 de este mes, "está anunciándonos que, (en nuestra zona), tan pronto como cese la lluvia, el cielo tenderá a despejarse". El libro, escrito originalmente en euskera, lo ha editado en versión castellana la editorial guipuzcoana Txertoa en el año 1999.



jueves, 11 de noviembre de 2010

La tremenda borrasca de ayer y antesdeayer.

Como corroboración de las tremendas imágenes de las borrascas y galernas que ha habido esta semana en el Cantábrico, olas saltando sobre los rompeolas, paseos arrasados, muelles barridos por la mar, traemos aquí otro dato. Ayer día 10 noviembre, a eso de las 14:55, una bandada de 13 gaviotas patiamarillas (Larus michahellis) sobrevolaba el barrio de Zabalgana en Vitoria (España). En Álava hay unas pequeñas colonias reproductoras de gaviota patiamarilla en el sistema de los embalses del Zadorra y en Salburúa. No suman ni trece ejemplares entre las dos. Teniendo en cuenta que ya ha ocurrido en otras ocasiones parecidas, lo visto se tratará de gaviotas desplazadas desde la costa cantábrica, empujadas por el temporal. El viento era muy fuerte desde el oeste y pudieron verse arrastradas desde la costa, quizás buscando un día un poco más tranquilo. A pesar de lo bien que vuelan, y que parecen disfrutar sostenidas en el aire de las grandes borrascas, tengo la impresión de que a lo mejor algunas prefirieron buscar tierras algo más clementes. En Vitoria, a esas horas llovía levemente, había un viento notable del oeste, pero nada comparado con lo que veíamos en la costa. Por otro lado, la costa cantábrica está a 50 0 60 kms, en línea recta, de Vitoria. El espectáculo era muy hermoso. Sobre estos cielos generalmente no muy ocupados de aves, ver trece ejemplares adultos de Michahellis volando entre las casas, era un bonito espectáculo. Ya sé que en las ciudades de la costa estáis hartos de ellas, pero aquí constituyen una refrescante novedad.

lunes, 30 de agosto de 2010

Vuelta de vacaciones. Hibernación.

Fotografías de busardo ratonero (Buteo buteo).

¡Yasto y Aky!

El sábado volví a subir desde Cádiz hasta las brumosas tierras del Norte. No hubo ni una nube en la carretera hasta llegar a Vitoria. Pero, lástima, su cielo estaba cubierto de nubes-simpson. El domingo día precioso, fresco y luminoso. Y esta mañana ¡tachán! ¡12º! Fantástica temperatura para ir a trabajar ( si no te mueres congelado). Si fuera oso (Ursus arctos) estaría ya preparando la cueva con su camita para hibernar. Después de haber pasado tres semanas en el Puerto de Santa María sin bajar nunca de los 30º, adaptarme ahora a los 12 (doce)º va a requerir su tiempo. Ahora mismo el cielo está en nubes y claros. Pero bueno, a trabajar tocan y ya está bien. Estaba ya un poco harto de tanta vacación y de tan buen tiempo. Tenía ganas ya de sufrir un poco. El viaje fue extraordinario. Salí de allí a las 08:18 de la mañana y llegué a Vitoria a las 16:45 horas. Hice el viaje en ocho horas y media sin superar jamás los límites de velocidad establecidos. Una vez más, a través de la Autovía de la Plata, cruzando Extremadura, el viaje fue fantástico. Como otras veces, nos sorprendieron las grandes concentraciones de cigüeñas blancas (Ciconia ciconia) en la zona de Santos de Maimona. Había también grandes concentraciones, en este caso de buitre leonado (Gyps fulvus), en las proximidades de Monfragüe. Entre Salamanca y Valladolid recorrían la bóveda del cielo milanos negros (Milvus migrans) y reales (Milvus milvus). Sobre la carretera, en las cercanías de Valladolid capital, volaban varias docenas de aviones comunes (Delichon urbica). Eran ya las 15:25 cuando, en la A-62, entre Valladolid y Burgos, bajo un sol de justicia, cada poste del teléfono era el oteadero escogido por un busardo ratonero (Buteo buteo). Contamos más de diez. Llegando a la desviación de Villodrigo de nuevo cruzaron la ruta de oeste a este un gran número de aviones comunes y de golondrinas comunes (Hirundo rustica). Los paisajes que atravesamos son todos ellos regios. Desde la campiña gaditana y el valle bajo del Guadalquivir hasta las serranías de Huelva y de Béjar con su vegetación adehesada, que nos van preparando para las grandes dehesas extremeñas y charras. Luego vienen una vez más las grandes llanuras de estepas cerealeras de Zamora, Valladolid, Palencia y Burgos. Hay algunas manchas verdes también del regadío instalado en la zona. Los Obarenes y el Paso de Pancorbo nos traen, una vez más, a las tierras del Norte. Todo el camino es dorado y verde. El dorado de los rastrojos y de las gramíneas agostadas; y el verde de los montes, los ribazos y alguna finca de regadío. A finales de agosto España está decorada de esperanza y oro.