Mi Código de la Circulación por la carretera de la vida.

"Yo soy solo uno. Puedo hacer solo lo que uno puede hacer; pero lo que uno puede hacer, yo lo hago" (John Seymour, 1914-2004). //La sinceridad está sobrevalorada.// Antes de hablar ten claro que las palabras sean más oportunas que el silencio.// No discutas nunca con un imbécil. Te obligará a rebajarte a su nivel y te ganará por experiencia.// ¡Cuántas veces no se pretende sólo derrotar al contrario, sino más bien hundirle tanto en lo profesional como en lo personal!// ¿Quieres ser feliz un instante (o dos)? ¡Véngate! ¿Quieres ser feliz para siempre? ¡Perdona!// Cuanto más pequeño es un corazón, más rencor alberga.// No juzgues. Todas las personas te pueden sorprender si les das la oportunidad.// Tú sigue adelante, si alguien quiere ir contigo, que tire también.// No mires mucho alrededor, sigue adelante pues como dijo no sé quién: "es preferible pedir disculpas a pedir perdón".// No es posible caer bien a todo el mundo. Hagas lo que hagas unos te querrán y otros te aborrecerán. Es inevitable.// El ser humano forma parte de la Naturaleza y es un ser vivo como los demás (árboles, zorros, libélulas, bacterias) por lo que está sometido a los mismos procesos vitales.// Las religiones son el principal enemigo de la salud mental.// Si soy normal, y hago esto y lo otro, seguro que todas las demás personas harán lo mismo o cosas parecidas.
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jueves, 13 de mayo de 2010

Pluma de oro.

La oropéndola (Oriolus oriolus) del domingo pasado toma sus nombres (tanto el común como el científico) del color amarillo del macho. Oriolus se ha tomado del latín aureolus, que significaba "color de oro". Su color amarillo es el amarillo del oro; esta relación fue establecida muy pronto y con carácter general. Así, se llama, redundantemente, Golden oriole en inglés; oropéndola o "pluma de oro" en castellano; loriot jaune o merle d'or, mirlo de oro u oriol amarillo, en francés. Hay que llamar la atención que péndola (pluma en el nombre español Oropéndola) muy probablemente es una palabra relacionada con péndola o péndulo (pendiente), en razón al nido suspendido y colgante que construye la oropéndola. También en francés recibe a menudo el nombre común de court-pendu, que hace probablemente alusión a su nido suspendido. Según Plinio, la oropéndola servía para curar la ictericia. En eso Plinio era muy tradicional: lo parecido actúa sobre lo semejante (los frutos con aspecto de riñón son buenos para los riñones, los rizomas con circunvoluciones son buenos para el cerebro, etc. clásicos de la farmacopea antigua). Como es un ave muy conocida, tiene multitud de nombres comunes en todos los idiomas europeos. Todos ellos hacen referencia bien al color amarillo del macho (gallo de la cerveza, lechuza de la cerveza), o a su canto y reclamo (Rigogolo, en italiano). Buenas noches, amiga.

lunes, 10 de mayo de 2010

Luscinia megarhynchos y oriolus oriolus.

El domingo por la mañana anillamos dos o tres ruiseñores. Preciosos, con ese color ante rojizo de la espalda, y esa cola larga y también rojiza. Pero el pico sigue sin parecerme notable por su tamaño. Puede que sea el más grande de los "luscinias", pero tanto como para dar el nombre a toda una especie... Sobre todo cuando en el ruiseñor hay tantas otras cosas que pueden llamar la atención y caracterizar al ave. ¿En qué estaría pensando quien les puso el nombre científico? Vuela fenomenal, vive oculto en la enramada, su capa de color cuero rojizo es notable, su larga cola, y su canto; esa voz de tenor, vibrante, oscura, limpia que suena en las noches y en los amaneceres en los matorrales del soto. Luscinia Pavarotti, debería llamarse.

A pesar del día difícil, hubo un momento mágico cuando sonó, una y otra vez, la voz de barítono del macho de la oropéndola (Oriolus oriolus). Parece el silbido un poco malintencionado de un joven rijoso; o de un albañil llamando, desde un andamio, la atención de una chica. En todo caso, entre las luces y sombras del interior del bosque, que provocan ese aire encantado, su canto es como una llamarada de sol. Como su color; volaba alto entre las copas, pero atendió a nuestro reclamo improvisado y se acercó. Nos echó una mirada desdeñosa ( a saber lo que le estaba diciendo mi compañero al imitar su canto mediante silbidos) y se alejó volando, brillante, amarillo, como un trozo de luz desgajado del cielo.