Ayer por la tarde se abrió una nueva ventana de buen tiempo. Hoy ya está lloviendo así que paso la tarde en casa escribiendo esta entrada. Nos fuimos al bosque a anillar pollos de garza real (Ardea cinerea). Hacía sol y la temperatura era agradable. Teníamos los árboles con nido señalados, de manera que fuimos a por los nidos árbol a árbol, pero la mala climatología de las semanas pasadas nos volvió a mostrar su peor cara. Si el sábado encontramos pollos muertos, ayer identificamos por lo menos cuatro nidos derribados días pasados, alguno de ellos con los huevos todavía dentro pero muertos. A pesar de subir y no encontrar nada en otros, nuestro escalador de cabecera consiguió, poco a poco, bajar cinco pollos de dos nidos. Preciosos, algunos con unas patas tan largas y unos dedos tan finos y con unas uñas tan afiladas como garras de bruja de cuento infantil. Anillamos durante un par de horas y a las siete y media nos retiramos para que los adultos pudiesen entrar a los nidos con la última ceba del día. Fue una tarde perfecta. Tranquila, trabajando a carril, charlando de nuestras cosas. En bosque estaba lleno de pájaros y trabajamos todo el tiempo rodeados de los reclamos del mosquitero musical, el pinzón, el pito real, el reyezuelo listado, y una decena más de aves forestales. Una bonito marco sonoro (aunque invisible) para una tarde laboriosa y feliz. Mañana os pongo las fotografías que saqué. 801811
martes, 11 de mayo de 2010
Anillando en la colonia de los treinta y cuatro nidos.
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