Hay un pueblo abandonado en el que nadie ha entrado en los últimos veinte o treinta años porque está completamente rodeado de una cerca muy complicada de atravesar con amplias defensas naturales. Poco a poco, sus construcciones se han ido reduciendo a ruinas y sus calles y eras se han llenado de plantas, árboles y zarzales. Los patios, las habitaciones de las casas, con los techos hundidos, han sido invadidos por una flora pujante y oportunista en la que abundan los endrinos, los rosales silvestres, la zarzamora y todo tipo de plantas ruderales. Se han ido bloqueando firmemente pasos y caminos. Pero las barreras bloquean eficazmente sólo el paso por el suelo. Desde el cielo se puede recorrer todo el lugar. Así que las aves han hecho de este enclave su exclusivo paraíso terrenal. Entre ellas las cigüeñas. Con sus nidos han ocupado los muros, los árboles, las torres y los campanarios. Toda una ciudad para las cigüeñas blancas. El reino de las cigüeñas. Seguro que a los niños no los traen de París, seguro que los traen de esta enorme colonia atestada de nidos. Los altos muros cubiertos de hiedra han sido colonizados por las cigüeñas: los nidos han sido instalados encima de las tapias, de los muros semiderruidos, en los árboles. ¡Qué mejor lugar que éste para iniciar nuestro estudio sobre la filopatria de las cigüeñas! Allí nos fuimos el pasado lunes, armados de los correspondientes permisos, y fuimos intrusos en el paraíso. Violadores de una intimidad primigenia. Como tenemos que ir otro par de veces (no tenemos el menor deseo de disturbiar a la colonia así que sólo entraremos un par de veces más), os iré contando mis impresiones.
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miércoles, 19 de mayo de 2010
En el reino de la cigüeña blanca.
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cigüeña blanca,
colonia,
paraíso terrenal
martes, 11 de mayo de 2010
Anillando en la colonia de los treinta y cuatro nidos.
Ayer por la tarde se abrió una nueva ventana de buen tiempo. Hoy ya está lloviendo así que paso la tarde en casa escribiendo esta entrada. Nos fuimos al bosque a anillar pollos de garza real (Ardea cinerea). Hacía sol y la temperatura era agradable. Teníamos los árboles con nido señalados, de manera que fuimos a por los nidos árbol a árbol, pero la mala climatología de las semanas pasadas nos volvió a mostrar su peor cara. Si el sábado encontramos pollos muertos, ayer identificamos por lo menos cuatro nidos derribados días pasados, alguno de ellos con los huevos todavía dentro pero muertos. A pesar de subir y no encontrar nada en otros, nuestro escalador de cabecera consiguió, poco a poco, bajar cinco pollos de dos nidos. Preciosos, algunos con unas patas tan largas y unos dedos tan finos y con unas uñas tan afiladas como garras de bruja de cuento infantil. Anillamos durante un par de horas y a las siete y media nos retiramos para que los adultos pudiesen entrar a los nidos con la última ceba del día. Fue una tarde perfecta. Tranquila, trabajando a carril, charlando de nuestras cosas. En bosque estaba lleno de pájaros y trabajamos todo el tiempo rodeados de los reclamos del mosquitero musical, el pinzón, el pito real, el reyezuelo listado, y una decena más de aves forestales. Una bonito marco sonoro (aunque invisible) para una tarde laboriosa y feliz. Mañana os pongo las fotografías que saqué. 801811
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