Mi Código de la Circulación por la carretera de la vida.

"Yo soy solo uno. Puedo hacer solo lo que uno puede hacer; pero lo que uno puede hacer, yo lo hago" (John Seymour, 1914-2004). //La sinceridad está sobrevalorada.// Antes de hablar ten claro que las palabras sean más oportunas que el silencio.// No discutas nunca con un imbécil. Te obligará a rebajarte a su nivel y te ganará por experiencia.// ¡Cuántas veces no se pretende sólo derrotar al contrario, sino más bien hundirle tanto en lo profesional como en lo personal!// ¿Quieres ser feliz un instante (o dos)? ¡Véngate! ¿Quieres ser feliz para siempre? ¡Perdona!// Cuanto más pequeño es un corazón, más rencor alberga.// No juzgues. Todas las personas te pueden sorprender si les das la oportunidad.// Tú sigue adelante, si alguien quiere ir contigo, que tire también.// No mires mucho alrededor, sigue adelante pues como dijo no sé quién: "es preferible pedir disculpas a pedir perdón".// No es posible caer bien a todo el mundo. Hagas lo que hagas unos te querrán y otros te aborrecerán. Es inevitable.// El ser humano forma parte de la Naturaleza y es un ser vivo como los demás (árboles, zorros, libélulas, bacterias) por lo que está sometido a los mismos procesos vitales.// Las religiones son el principal enemigo de la salud mental.// Si soy normal, y hago esto y lo otro, seguro que todas las demás personas harán lo mismo o cosas parecidas.

lunes, 28 de febrero de 2011

El tiempo entre los pingüinos. La reproducción en las costas antárticas.

Cuando se acerca el final del verano antártico, que, como mucho, en las zonas más favorables de la Península Antártica, finaliza en este mes de marzo, tengo un recuerdo para las aves que se desplazan cada año hasta aquellas soledades para dedicarse a la reproducción. Especialmente recuerdo a los pingüinos. En concreto a las tres especies cuya reproducción pude seguir en mi visita a la zona: Juanito (Pygoscelis papua), de Adelia (P. adeliae) y de Barbijo (P. antarctica). Su aspecto rechoncho y patoso en tierra a veces nos hace sonreir y olvidamos la vida extremadamente dura que viven. El éxito reproductivo de algunas de estas especies es una dramática carrera a vida o muerte contra el reloj. Cuando los pingüinos llegan a tierra, a finales de octubre o principios de noviembre, recién comenzado el verano antártico, el suelo todavía está cubierto de nieve y hielo. Sin embargo, todo su proceso reproductivo necesitan realizarlo sobre la tierra limpia. Para ello, mientras unos localizan y ocupan rápidamente las primeras rocas que los rayos del sol dejan al descubierto, otros se echan sobre la nieve (quizás sobre las ubicaciones de sus antiguos nidos) para intentar acelerar su fusión. De esta manera, mientras unos inician en la primera semana del mismo noviembre su cortejo e incluso su cópula y comienzan a empollar los huevos, otros inician el proceso quince o veinte días más tarde. Esta diferencia resultará crucial para la supervivencia de los pollos.
Durante los tres o cuatro meses que dura el verano en las costas de la península antártica, los pingüinos deben realizar los ritos de cortejo, preparar el nido, defenderlo de los demás, realizar la cópula, poner los huevos, empollar, sacar la pollada adelante pescando y alimentándola, hacer la muda total de las plumas del cuerpo (proceso en el que llegan a perder un 45% de su peso pues no pueden pescar durante los días que dura, que pueden llegar a 34), y marcharse con las crías del año (también mudadas y suficientemente engordadas) para pasar el invierno en latitudes más benignas.

Rito de cortejo del pingüino de barbijo (Pygoscelis antarctica) sobre las rocas limpias de nieve. El cortejo no puede llevarse a cabo hasta que el macho ocupa y enseñorea un espacio libre de nieve en el que acumula pequeñas piedras para configurar un escueto nido.


Un macho de pingüino de barbijo recién llegado, que ha ocupado una roca limpia de nieve, espera la llegada de la hembra.



Pingüinos Juanito (Pygoscelis papua) empollando ya, en los nidos construidos con piedrecillas, defendiéndolos de quienes buscan piedras para a su vez construir su nido. Las luchas territoriales y de defensa del nido son de una violencia inesperada en aves de este aspecto, pero a menudo terminan con el "invasor" cubierto de sangre, perseguido con saña por todos los machos que se han sentido importunados. Las aves que no son capaces de construir su nido, no pueden reproducirse. El drama no se limita a esto pues, incluso en las que llegan a reproducirse, sus huevos y pollos pueden ser objeto de predación por gaviotas (Larus dominicanus) y págalos (Catharacta antarcticai y C. maccormicki). Frente a ello opondrán su capacidad para repetir dos y hasta tres veces la puesta, pero esos pollos de mediados de diciembre apenas llegarán preparados al final del verano y morirán con los primeros fríos. Incluso los que superen esta fase, podrán ser objeto de predación por focas y orcas. Verdaderamente la vida de tan"graciosos" animalitos tiene los días -y las horas- contados. A pesar de ello su éxito reproductivo es notable y las parejas de alguna de estas especies se pueden contar por millones.

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